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Pedáneos

Una sana costumbre política dice que para evitar la arbitrariedad y el abuso en el gobierno debe establecerse una serie de equilibrios y contrapesos que controlen y así por ejemplo, en nuestro sistema político, los presidentes son controlados por los parlamentos, los alcaldes por los plenos y todos a la vez por ese tercer poder más o menos independiente que es la Justicia. Como se puede observar todos tienen que rendir cuentas ante alguien, lo que evita hasta cierto punto la arbitrariedad. Pues bien, todo ese delicado equilibrio entre pesos y contrapesos parece que quiere tener su excepción en los alcaldes pedáneos de la Colonia de Fuente Palmera, a Juzgar por el escrito que varios de estos presentan y que titulan: “Manifiesto para la restitución del respeto hacia la figura de los alcaldes pedaneos”. Cuyo punto primero es ni más ni menos que la exigencia en la restitución en su cargo de representante del alcalde de alguien que ya no goza de la confianza de este. ¿Se imaginan ustedes que los delegados del gobierno exigieran al presidente la restitución de alguno que fuese cesado por no gozar de la confianza de este o que los embajadores exigieran la restitución de un compañero al ministro de exteriores? No, y eso no es posible porque estamos hablando de una función delegada, y obviamente no se le puede pedir a nadie que delegue en alguien de quien no se puede fiar; y esto sin entrar en más detalles, pues no es éste el objeto de este artículo, es lo que ha sucedido con el pedáneo de Los Silillos.

La cuestión a discutir aquí es la planteada en la carta firmada por: “los alcaldes pedaneos que nos atrevemos” (ya de entrada éste el encabezamiento es completamente impropio, pues hace suponer, y me consta que no es así, que quién no firma también está de acuerdo con ellos solo que no se atreve) la cual seguidamente presentan, a mi juicio la única perla de sabiduría que puede encontrar en más de un folio de despropósitos: “¿deben seguir existiendo la figura de los alcaldes pedaneos?”. Ciertamente esa es la pregunta, aunque creo que la respuesta que más abajo se encuentra arruina completamente ese pequeño momento de lucidez, porque para nuestros pedaneos (al menos para los que “se atreven” a firman) su cargo, como la monarquía, el Volk o Catalunya, está fundamentado, no en un ordenamiento jurídico engarzado en un contrato social (la constitución) mediante el cual una sociedad se organiza libremente (la postura racional ya desde Rouseau); sino en ambiguos derechos consuetudinarios basado en los antepasados y la historia. Recuerdan aquello de “la unidad de destino”, pues algo parecido parecen ser la institución de los pedaneos para los cuales su cargo está legitimado no por las leyes del estado, sino por “los antepasados, los antecesores y la historia”. Es decir, por un lado tenemos un concepto civil moderno que ve al alcalde pedaneo como una figura jurídica de “delegado del alcalde” nombrado por este a propuesta de los vecinos de la aldea donde desempeña sus funciones y que no sirven para nada; y por el otro la figura mística del alcalde pedaneo que cual brujo, chamán o augur es el único capacitado para interpretar la voluntad de “su aldea”; y cuya creación posee un origen mítico ligado al mito fundacional del pueblo. Todo este esfuerzo de fantasía mitológica, cómo siempre en estos casos, no es más que un esfuerzo por tratar de buscarles a dichos alcaldes una legitimidad mayor que la que realmente tienen en base a la ley, una legitimidad con la que pretenden enmendarle la plana a los que según esa misma ley son los legítimos responsables de la soberanía municipal y que para ello han sido elegidos de forma democrática y de acuerdo con la ley.
Reconozcámoslo todos, la figura de los alcaldes pedaneos es completamente inútil desde el punto de vista de la mejora de las condiciones de las aldeas. Lo cierto es que siempre han sido más una figuras dedicadas a lanzarse contra el adversario político que tenían en frente que a tratar de ser una vía de comunicación eficaz entre la corporación municipal y los vecinos de las aldeas. Cuando están de acuerdo con el gobierno del municipio suelen ser pasivos y no oírseles ni un ruido, como quien dice; Por el contrario, cuando están en contra, su oposición no tiene límites; a veces ni siquiera los límites de la razón. En escasas ocasiones suelen ser figuras equilibradas, pero aun cuando lo son, el poco sentido del cargo que ocupan hace que personas con gran capacidad de contribuir a mejorar la vida de sus pueblos acaben perdidas en el marasmo del absurdo y pueden aprovechar muy escasamente su nombramiento. Por lo tanto quizás sería bueno que nuestro ayuntamiento abordara de una vez por todas este problema, cuya solución a mi juicio pasa por la creación de entidades locales autónomas en aquellas aldeas con más habitantes y de juntas vecinales de distrito en el resto y desterrar de una vez por todas a esas figuras míticas que en el mejor de los casos no sirven para casi nada y en el peor sólo sirven para dar problemas.
Juan Segovia

4 comentarios:

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Los pedaneos son los interlocutores entre la aldea y el alcalde , en el caso de fuente palmera son elegidos democraticamente y por lo tanto para quitarlo o ponerlo es por votos .

un delegado del gobierno o ministro no es votado , es puesto por cargo politico entonces lo pueden poner o quitar a su antojo .


Cuando se ponen unas normas para un periodo , estas no se cambian a mitad de la partida y menos cuando es por sintoma de debilidad ,minoria , incapacidad , no grato , y se le dice educadamente abandona el cargo que no lo haces bien , echa al pedaneo y prohibe a la tele entra en el ayun .

cierto grupo de gente cuando ven que no llevan la razon pasan a la imposicion o amenazas nocturnas con cara cubierta .

saludos

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