Numerosas quejas por calles sin luces, calzadas que son asfaltadas y se tapan las rejillas, parques que se secan porque nadie se preocupa de regarlos y sobre todo, la total falta de seguridad que se vive en el municipio en el que ya ni siquiera hay municipales en los plenos. Parece ser que el nuevo concejal de obras y servicios y de seguridad, ell señor Antonio Guisado II, no parece ser muy eficaz en las labores que se le han encomendado. Es lo que pasa cuando uno está en el puesto por ser de la familia y no por su capacidad para desempeñarlo. Desde luego en cualquier lugar decente, uno solo de estos despropósitos bastaría para que Guisado II no ya dimitiera, sino que fuese cesado de todo cargo de mínima responsabilidad fulminantemente y se le dejara para aquello que realmente sirven la mayoría de los concejales del pleno... hacer bulto y que su voto cuente.
Y es que la actuación de Guisado II en todas estas crisis ha sido la de escurrir el bulto y dejar que sea el alcalde quien de la cara. Es decir, no sólo se ha mostrado como un concejal ineficaz en la gestión de lo que se le ha encomendado que dicho sea de paso son algunos de los temas que más urgente atención necesitan en nuestro pueblo, sino que además ha dejado que sea su jefe de filas quien al final sufra el desgaste político de semejante incompetencia en vez de hacer lo que haría un buen concejal, tratar de evitar el desgaste del alcalde. Semejante situación sólo es explicable si se entiende que más que un compañero de equipo, lo que parece tener nuestro alcalde en el concejal de obras y servicios es un enemigo, un enemigo intimo que tiene muy claro que el pesebre familiar puede perderse definitivamente y que ahora quien se lo tiene usurpado no es otro partido, sino ese advenedizo que iba para sumiso concejalillo de deportes y acabó milagrosamente ocupando el sillón de papá. En definitiva, sólo se entiende en clave de la lucha interna que con más o menos disimulo se viene librando en el PSOE desde que Juan Antonio se postuló como alcaldable.
Por otro lado, el que el Alcalde no haga nada muestra una impresión de debilidad dentro de su propio partido. No parece que sea él quien manda en el PSOE cuando tiene que tragar con semejante situación, sobre todo por que motivos tiene, y sobrados, no sólo para exigirle al Guisado II que dimita de sus delegaciones, sino incluso para pedirle la dimisión como concejal. El grave deterioro que han sufrido los servicios públicos de la Colonia, que si ya eran malos ahora son pésimos y la nula capacidad del concejal para articular respuestas al grave problema de seguridad que padece nuestro pueblo y que se manifiesta en el hecho de que ninguna de las propuestas de seguridad que se hicieron en el último pleno lleven su nombre, nos demuestra que para Guisado segundo, sus cargos son más bien títulos, títulos para posicionarse en el PSOE con el sólo objeto de recuperar el pesebre familiar y que en realidad le importa muy poco la seguridad de los ciudadanos o que los servicios municipales funcionen.
Cuando a la hora de la verdad un concejal no es capaz ni de escribir una triste moción pidiendo la ampliación del número de policías municipales o exigiendo más guardia civil al delegado de gobierno, ni es capaz de dar respuesta a ciudadanos que sólo quieren tener unos servicios dignos como los tienen en otros pueblo, lo mejor que puede hacer ese concejal es dimitir. Cuando el concejal no dimite, lo que haría un alcalde con autoridad es cesarlo.